Espartanos Libertad entre rejas

Desplazate hacia abajo

Alejandro “Pupi” ya cumplió su condena. Quince años. Hay temas familiares en su casa; se separó de su mujer. Hace una semana se lesionó el hombro y no puede entrenar.  Era presidiario de la Unidad Penal 48 de San Martin. Mejor dicho, es. Un error de cálculo en el juzgado lo retiene preso desde hace varios días y va a tardar un tiempo en solucionarse.

“Pupi” es feliz.

Quiero ir a la cárcel

Hace nueve años, en el 2009, un abogado penalista visitó una cárcel por primera vez, porque un amigo quería conocerla. Después de esa primera visita con su amigo, Coco Oderigo volvió con un puñado de gente “de afuera” para empezar un proyecto de escuela de rugby “adentro”.

Los que entrenan son guerreros. Nada más, nada menos. No se rindieron frente a la adversidad, ni frente al más negro horizonte. No; se unieron para alcanzar la gloria. El equipo se autodenominó Espartanos.

La Fundación tiene un programa que se apoya sobre cuatro patas: la práctica semanal del deporte, el rezo del Santo Rosario, la educación y, más adelante, el trabajo.

Educar el cuerpo

El rugby, como deporte, aporta disciplina, orden. Les da a los presidiarios un espíritu de equipo, de pertenencia, de responsabilidad. El tipo de camaradería que genera que se cuiden entre ellos, dentro y fuera de la cancha. Están ahí para ganar, y lo que está en juego es tanto, tanto más que algunos puntos más o menos. El Espartano se lleva de la cancha un par de moretones; pero también se lleva vivencias para masticar el resto del día.

En sus propias palabras: “Entre nosotros nos cuidamos, nadie juega fuerte, tratamos de enseñarles a los pibes como es el rugby, no es pegar o querer ser mas que el otro. Es unión, es equipo, es estar juntos y enseñarle al otro para que pueda salir adelante. Los valores del rugby son únicos, no los había vivido nunca en ningún lado.” (Ariel, 44)

Educar el alma

Para aprender, uno tiene necesidad de dudar, de interrogarse, para ponerse de nuevo de pie y llegar a lo que añora.

El rezo del Rosario es para ellos momento de comunicación con Dios y con sus pares. Se cuentan historias, se canta, se agradece la protección de la Madre, las oportunidades, las pequeñas alegrías, los dolores. Como Pupi, son conscientes de que, de no ser por su tiempo en la cárcel, muchos de ellos no habrían cambiado. Quieren volver con sus familias, reconstruir los puentes que la droga y la mala vida hayan quemado, ayudar ahora ellos a quienes necesiten de los valores y oportunidades que se les dieron a ellos.

Educar la mente

El rol de Espartanos no se cumple sólo paredes adentro, sino que planifica y proyecta para proveer oportunidades de reinserción para quienes hayan cumplido ya su tiempo. Ese trabajo empieza ya desde la cárcel, dictando cursos y mejorando la empleabilidad de los jugadores.

Los últimos seis meses de la condena, un tutor acompaña para trabajar en profundidad con el futuro liberto. Este trabajo, junto a todo el bagaje espartano y el apoyo de cuarenta y ocho empresas, ha generado 120 puestos de trabajo formal.

A la cancha

Nahuel, de 25 años, juega al rugby desde hace un año. No empezó en la Unidad Penal 48, sino en la 46, la de al lado. Cuenta que, cuando fue la primera vez al “estadio” del Pabellón de Espartanos… Nahuel se queda sin palabras y busca maneras de expresar lo que sintió. Era todo lo que no se imaginaba. “Pensé que iba a jugar a otra cárcel como la 46… Me encantó. Los chicos no eran presos, era un club.”

Ariel entra al estadio y siente orgullo. Orgullo de poder estar parado y haber cambiado de vida, de estar bien. De poder estar con ellos, con los Espartanos.  “Toda la vida robé e hice maldades. Hoy por hoy, estoy a la cabeza de sesenta pintas y dos pabellones mas.”

Ondas en el agua

Hace cinco años Ariel Gustavo decidió que entre su gente y bajo su techo no pasaba una sola pastilla más. Había que cortarlo de raíz. El que tomaba pastillas se iba.

Dice Ariel: “Esparta me dio todo, cien por cien me hizo cambiar de vida, lo que era antes y lo que soy ahora. Se me dio la oportunidad, y yo que ahora soy “Limpieza” le doy la oportunidad a todos. A todos los que vienen se les da la oportunidad para salir adelante. Después queda en vos si te querés quedar o no.”

Pupi sigue con su testimonio, explicando el porqué de su felicidad de cara a la adversidad: “Soy otra persona, cambié la vida acá adentro. Lo que hicieron conmigo lo hice yo con otros chicos y sé que mas adelante van a estar como estoy yo. Acá tenés herramientas para salir adelante, siempre las tenés. Sobran. Tengo amigos acá adentro que son mi familia. Recién hace cinco años pude encontrar la razón de mi vida. Desde que me hice espartano pude dejar las drogas, dejar un montón de cosas que no iban en mi vida…”

Ya desde afuera y habiendo pasado muchos años en el pabellón, a la Liebre se le ocurrió festejar el día del niño en su cuadra. Le contó a algunos vecinos, y preguntó si se querrían prender. La gente se empezó a entusiasmar y a invitar a más personas. La cuadra se llenó de chicos, tanto que hubo que extender el festejo porque no entraban en el espacio planeado. Los vecinos compartían las bebidas, la comida. La cara de felicidad de los chicos no tenía desperdicio. Con muy poco se había revolucionado el barrio. Ese es el efecto transformador que tiene que tener un Espartano.

Por sus frutos…

Nueve años más tarde, el proyecto se convirtió en fundación, el puñado en 450 voluntarios. Hoy son 1400 los jugadores, en 44 unidades penales de 14 provincias de la República Argentina. La reincidencia en los penales con el programa de Espartanos es del 5%. Los penales en que no se ha implementado aún el programa Espartanos cargan con un 65% de casos de reincidencia.

Esto no es casualidad. No es azar. Es fruto de trabajo arduo, de dedicación de muchísimas personas, de trabajo en equipo. Y también, fruto de la curiosidad de alguien que un día decidió que no sólo visitaba una cárcel, sino que además la revolucionaba.

En las palabras de Ariel: “La oportunidad se te da, está en vos decidir si la aprovechas o no. Puedo quedarme acá adentro mirando televisión, pero afuera me están esperando.”

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